Qué significa elegirse a una misma (y por qué no es egoísmo)
Hay una frase que se repite mucho en redes: "elígete a ti misma". Suena bonita, suena a frase de cuadro decorativo. Pero pocas veces alguien explica qué significa en la práctica, en un martes cualquiera, cuando hay que decidir entre el favor que te piden y el límite que necesitas poner.
Elegirse no es un acto de un solo día. No es una decisión que se toma una vez y queda resuelta para siempre. Elegirse es una práctica diaria: en la forma en que te hablas cuando te equivocas, en las conversaciones que sostienes o evitas, en los estándares que decides mantener aunque incomoden a alguien más.
Mucha gente confunde elegirse con dejar de amar a otros. Es exactamente lo contrario. Una mujer que se abandona a sí misma durante años no tiene, en realidad, más amor para dar: tiene menos. Tiene resentimiento disfrazado de sacrificio, cansancio disfrazado de entrega. Elegirse es lo que permite amar desde la plenitud y no desde la carencia.
¿Cómo se ve elegirse en la vida real? Se ve en decir que no sin dar tres explicaciones. Se ve en descansar sin sentir culpa. Se ve en terminar una relación, un trabajo o una etapa que ya no corresponde a quien eres, aunque haya costado años construirla. Se ve, sobre todo, en dejar de esperar permiso externo para empezar a vivir la vida que quieres.
Si sientes que has pasado demasiado tiempo en último lugar en tu propia vida, el primer paso no es un cambio dramático. Es una pregunta honesta: ¿en qué momento del día de hoy me elegí a mí, y en cuáles me postergué? Responder esa pregunta, con honestidad y sin juzgarte, ya es un acto de reconstrucción.